Cambio de paradigmas, Regidores.

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Por Jorge Ignacio Luna Hernández (*)

Ser un servidor público debiera ser considerado un honor, pues como su nombre lo indica es una oportunidad de servir a la sociedad desde un determinado campo de trabajo, aportando conocimientos, experiencia y entusiasmo. Sin embargo, las personas, que no las disposiciones legales, se han encargado de demeritar la imagen del servidor o funcionario público, mediante formas de actuar que son contrarias a los intereses de la ciudadanía y que han generado, como consecuencia, una denostación constante del servicio público. Esta práctica se actualiza generalmente en los funcionarios de primer nivel, en los medios y altos mandos de la administración pública federal, estatal y municipal.

Hoy en día, ser esta clase de servidor público es sinónimo de corrupción en el más amplio sentido de la palabra, (corrupción de las normas, de los ideales, de las personas) es sinónimo de avaricia, de ineficiencia laboral, de hedonismo. Pareciera que este servidor público, salvo honrosas excepciones, ha asumido como propia la doctrina del menor esfuerzo.

En la administración pública municipal, esta práctica se hace más notoria en un cuerpo de autoridades edilicias que se denominan Regidores. Actualmente, las regidurías representan, para muchos partidos políticos, un premio a sus militantes consentidos; aquéllos que llevan muchos años militando y participando activamente, aquéllos que no fueron favorecidos en las internas pero que hacerlos a un lado representaría un perjuicio para el partido o simplemente de quienes tienen la capacidad de fondear la arcas del partido durante la incipiente campaña. Sea cual fuere el origen de estos representantes populares, lo cierto es que el ser Regidor para ellos es en síntesis, cobrar un jugoso sueldo sin que ello les represente realizar un gran esfuerzo.

Pero detengámonos un poco y preguntémonos si en verdad a este cargo público se le otorga el tratamiento que se merece. El artículo 38 de la Ley Orgánica del Municipio Libre del Estado de Veracruz, establece una serie de atribuciones propias de los regidores, entre las que llama la atención la función de vigilancia que deben realizar, respecto de la aplicación y manejo de recursos que se llevan a cabo dentro de las distintas comisiones; de hacienda, obras públicas, limpia pública, agua potable, comercio, desarrollo social, por nombrar algunas de las que manejan mayor cantidad de recursos económicos. Pero además de esta función de vigilancia, el Regidor tiene la facultad de promover ante el Cabildo acciones a través de las cuales se mejoren los servicios públicos, se gestionen recursos y mejore la calidad de vida de sus gobernados.

El Regidor debiera ser el enlace entre ciudadanía y gobierno, el puente que permita poner sobre la mesa las necesidades de la comunidad para que estás se transformen en acciones de gobierno y a su vez empoderar a la población en el ejercicio de sus derechos; en suma, es deber del Regidor construir comunidad.

Es así que, haciendo un análisis armónico y sistemático de la función del Regidor conforme a la legislación vigente aplicable y las necesidades de la población, se arriba a la conclusión de que la figura de esta autoridad ha sido constantemente subejercida, quedando relegada únicamente a un ente meramente administrativo y carente de todo sentido aplicativo para el que fue creado.

Como Regidores de la próxima comuna, es nuestro deber y compromiso cambiar el paradigma de lo que debe ser un Regidor. Asumir con responsabilidad y entusiasmo las labores que conlleva dicho encargo, propiciando el acercamiento con la comunidad de una forma que se incluyan en la toma de decisiones, labor que se podrá llevar a cabo con las recientes reformas en materia de participación ciudadana. No hacen falta más regidores 15/30 (por aquello de los días de cobro) ni funcionarios que únicamente tengan utilidad a la hora de votación en el Cabildo.

Se requiere de verdaderos representantes populares, el Regidor es al Ayuntamiento, en menor escala, lo que el Diputado al Congreso, y esta figura debe recuperar su importancia y hacer valer sus atribuciones. Cierto es que existen muchas limitaciones en cuanto al ejercicio de su potestad, como el hecho de que en la Ley Orgánica se limiten sus facultades ejecutivas o que los respectivos Directores de las comisiones que presidan no sean designados por éstos, sino por quien preside el Ayuntamiento, pero este es sin duda un reto que deberemos asumir dentro de este cabildo y definitivamente cambiar el paradigma.

(*) Abogado de Oficio con experiencia profesional en el servicio público y Regidor electo del H. Ayuntamiento de Coatepec

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